"El Poder de Escuchar la Palabra"
Escuchar: más que un gesto, un acto de respeto...
Oír es percibir sonidos, pero escuchar es reconocer al otro. Al prestar verdadera atención a quien nos habla, transmitimos un mensaje poderoso: “tu palabra tiene valor, tu voz importa”. Este acto sencillo dignifica tanto al que habla como al que escucha.
En la vida cotidiana —y muy marcado en la cultura colombiana— no es raro que las conversaciones se interrumpan con la llegada de otra persona, o que el receptor cambie de tema, levante la voz o se haga “el ocupado”. Esos gestos rompen el puente de comunicación y dejan al interlocutor en un silencio forzado, con la sensación de no ser tomado en serio.
Lo que enseña el Manual de Carreño...
El Manual de Urbanidad y Buenas Maneras, escrito por Manuel Antonio Carreño en 1853, fue durante décadas guía de comportamiento cívico y moral en América Latina. Aunque algunos lo ven rígido, muchas de sus normas siguen siendo actuales, sobre todo en lo que respecta a la comunicación.
Carreño aconsejaba:
- No interrumpir cuando alguien habla, salvo que sea estrictamente necesario.
- No distraerse ni dar muestras de impaciencia mientras se escucha.
- No desviar el tema de manera abrupta, porque demuestra desinterés o falta de respeto.
- Cuidar el tono de voz, evitando tanto el grito como la indiferencia.
- Esperar el turno para hablar, entendiendo que la conversación es un intercambio, no un monólogo.
Estas pautas, aunque escritas en el siglo XIX, siguen iluminando nuestras prácticas actuales.
La palabra que construye o destruye...
Cada vez que escuchamos o respondemos, sembramos algo en la otra persona: confianza, aprecio, interés… o, por el contrario, indiferencia y desdén. Las palabras mal usadas, o dichas sin escuchar antes, pueden cortar vínculos y dejar heridas.
Por eso, escuchar antes de responder no es solo cortesía, sino una herramienta vital para construir relaciones sanas en el aula, en la familia, en el trabajo y en la sociedad.
Sembrar la escucha, cosechar respeto...
Imaginemos cada conversación como una semilla. Si la regamos con paciencia, atención y cortesía, crecerá en comprensión y respeto mutuo. Pero si la interrumpimos o la despreciamos, no dará fruto.
Educar en la escucha es también educar para la vida en comunidad. Porque el diálogo no se trata de vencer, sino de convencer con respeto y de entender al otro antes de ser entendidos.
Actividad práctica: ejercitando la escucha atenta...
👉 Te propongo un pequeño reto para tu próxima conversación:
- Escoge un diálogo breve (unos 5 minutos).
- Comprométete a no interrumpir, no cambiar de tema y mantener contacto visual.
- Al finalizar, pregúntale a tu interlocutor si sintió que lo escuchaste de verdad.
Este simple ejercicio transforma la teoría en hábito, y nos permite sembrar semillas de respeto en cada encuentro.
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